Hay catas que se disfrutan y hay catas que, además, te cambian la forma de beber vino. Lo que se vivió en Vin@rte Prádena el pasado sábado 7 de febrero fue precisamente eso: una experiencia enogastronómica pensada para el placer, sí, pero también para la comprensión profunda de algo esencial en el mundo del vino: el terroir.
Desde el primer momento se percibía que no era una cita cualquiera. La propuesta tenía un hilo conductor claro —la influencia del terruño— y una ejecución muy cuidada: vinos seleccionados con criterio comparativo, explicación cercana y un menú maridaje con personalidad propia. La velada invitaba a observar, oler, probar y, sobre todo, a establecer conexiones entre el paisaje y la copa.
El concepto de terroir, tantas veces mencionado y no siempre bien contado, se volvió aquí tangible. No se habló solo de suelo, sino de la suma de factores que construyen la identidad de un vino: clima, altitud, orientación, geología y también la mano de quien cultiva y elabora. En esta cata, esa idea no se quedó en teoría: se pudo comprobar sorbo a sorbo.
La selección de los vinos
La selección de vinos fue uno de los grandes aciertos de la noche. La comparación entre dos Garnachas permitió entender cómo una misma variedad puede mostrar perfiles muy distintos cuando cambia su lugar de origen. Por un lado, El Surco de Méntrida, procedente de un entorno de dehesa y suelos graníticos en torno a los 600 metros de altitud; por otro, Más Altitud, de Aurelio García, nacido en microparcelas de Sierra de Gredos por encima de los 1.100 metros. Dos interpretaciones de Garnacha que compartían ADN varietal, pero hablaban dialectos diferentes: una más mediterránea y envolvente, otra más afilada, fresca y vertical.
La segunda parte del recorrido se centró en la Syrah, también desde la óptica del origen, con dos referencias de enorme interés: Dehesa del Carrizal, en los Montes de Toledo, y Pago de los Balagueses (Bodegas Vegalfaro), en Requena. Altitudes, composiciones de suelo y contextos climáticos distintos para volver a confirmar la premisa de la noche: el vino no se entiende del todo si se desconecta del lugar del que procede.
Un maridaje muy especial
Y mientras los vinos contaban su historia, la cocina hizo exactamente lo que debe hacer un buen maridaje: no competir, sino dialogar. El menú avanzó en cuatro tiempos con inteligencia y sensibilidad. La apertura, con Cecina con almendras y AOVE picual junto a Ensalada de atún ahumado con burrata, aportó matices ahumados, salinos y grasos que prepararon el paladar con elegancia. El segundo pase, más vegetal y cremoso, combinó Calabaza asada con roquefort, nueces y vinagreta de pistachos con Tallarines de calabacín y champiñón, una unión de contrastes donde dulzor, umami y acidez encontraron un equilibrio muy gastronómico. El tercer momento subió intensidad con Pollo Tikka Masala, arroz basmati, brócoli asado, pimientos verdes fritos y chips de boniato, mostrando cómo la especia puede abrazar determinados perfiles de vino cuando hay estructura y armonía. Como cierre, una Tarta de Queso Manchego redondeó la experiencia con carácter y memoria de territorio.
Más allá del detalle técnico, lo verdaderamente valioso de la noche fue su capacidad para emocionar sin perder rigor. Se aprendió sin solemnidad. Se compartió sin prisas. Y se confirmó algo que en Vin@rte Prádena entienden muy bien: cuando una cata está bien pensada, deja de ser una sucesión de copas y se convierte en un relato.
Quizá por eso una de las frases de la velada resonó con tanta fuerza: “El verdadero vino no se hace, se descubre en el terruño y se respeta en la bodega.”
Después de esta cata maridaje, resultaba difícil no estar de acuerdo.
En definitiva, la propuesta de Vin@rte Prádena de esta cata celebrada el 7 de febrero fue una celebración del vino entendido como cultura, paisaje y experiencia compartida. Una de esas noches que recuerdan que el terroir no es un concepto abstracto: es algo vivo, algo que se huele, se saborea y se conversa alrededor de una mesa.
Si te apasiona la enología, la gastronomía o simplemente disfrutar de planes con sentido… ¡te esperamos en próximas catas maridaje!


